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El 9 de mayo de 1950 en París, con la Declaración Schuman, se iniciaba el camino a la integración de los estados europeos: con este acto se ponía la primera piedra para lo que después serían los cimientos de la actual Unión Europea. Así, desde 1985, “el Día de Europa celebra cada 9 de mayo la paz y la unidad del continente”, reza la web de la UE.

El Día de Europa es festivo para quienes integran y trabajan en las instituciones europeas, pero se da la dicotomía de no serlo para todos los ciudadanos, que son quienes realmente hacen que esa Unión Europea exista porque forman parte de ella como iguales, siendo partícipes a través de la elección de sus parlamentarios políticos de las decisiones que allí se toman y, posteriormente, receptores directos de sus consecuencias. Como tal, debería ser una jornada que nos llegara a todos los europeos, que no supusiera una brecha entre instituciones y ciudadanos sino que se viviera como una celebración conjunta de nuestra Unión, de la que sus habitantes somos parte indispensable, haciendo que en cada país de la UE hubiera miles de personas conmemorando ese día, su historia -que es la nuestra-, y celebrando la fortuna de ser y sentirse europeo.

Conocedores de que cada Estado miembro tiene la competencia de establecer su calendario laboral, pedimos a los parlamentos nacionales y al Consejo Europeo, compuesto por los jefes de Estado o de Gobierno de todos los países de la UE, que impulsen la inclusión del 9 de mayo como festivo. Sabemos que es un objetivo ambicioso pero posible y, por ello, creemos necesaria una acción conjunta en la que participen las instituciones europeas, partidos políticos, colectivos sociales y sociedad civil para explorar juntos la mejor vía efectiva a nuestro alcance y poder hacerlo realidad.

La celebración de las próximas elecciones europeas del 23 al 26 de mayo de 2019 también nos anima a impulsar la necesidad de este festivo. ¿Por qué? Sencillo. Convirtamos el 9 de mayo en una celebración para todos los ciudadanos europeos, una cita en la que demos a conocer, desde la cercanía, la Unión Europea, un pasado juntos y unidos. Hagamos que el Día de Europa impregne cada rincón del continente con sus proyectos de futuro, que el sentimiento europeísta sea un orgullo, que cada ciudadano de a pie desee enarbolar la bandera de la UE como símbolo de unión y progreso para construir un futuro en común. Hagamos que no haya europeo que no sienta que ha de asistir a su cita con las urnas para empezar a escribir juntos el futuro.

¡Un himno, una bandera y una conmemoración! Los símbolos unen, el silencio separa.


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